0
Your Cart
empty cart ¡Tu carrito está actualmente vacío! Volver a la tienda
Eliminar todo

ESCRITOS (by) Nere Vibes

Mi primer “sí” interno

Hoy quiero compartirte esto porque me apetece que me conozcas un poco mejor. Desde el punto en el que algo empezó a moverse dentro de mí, aunque por fuera pareciera que yo seguía siendo la misma.

Este blog es mi espacio para ordenar mi historia con honestidad. Y también para que, si algo de lo que escribo te resuena, te lleves una chispa. Así que hoy te cuento mi primer contacto real con todo esto. Mi punch. El momento que más me marcó y que, de alguna manera, abrió una puerta.

Durante mucho tiempo yo vivía con una incomodidad de fondo que no sabía explicar. No era tristeza constante ni un drama continuo. Era algo más sutil: una sensación de “me falta algo”, de “no entiendo por qué soy así”, de “no entiendo lo que me pasa”.

Y cuando no puedes explicarte, lo normal es juzgarte. Pensar que exageras, que eres intensa, que deberías estar bien y punto. Pero había algo dentro de mí que no se apagaba: una CURIOSIDAD casi urgente. Como si una parte de mí me estuviera empujando a buscar respuestas. En ese momento yo no lo llamaba alma, pero hoy lo puedo decir así: era mi conciencia pidiendo VERDAD.

Mis primeras respuestas llegaron en forma de libros. Y esto lo cuento porque hay libros que no solo se leen: se abren dentro de ti.

El primero fue Las siete leyes espirituales del éxito de Deepak Chopra. Después leí Sincrodestino. Y aunque en mi entorno nadie hablaba de estos temas —ni en casa, ni con mi hermana, ni con mis amigos—, mientras leía me pasaba algo muy concreto: por dentro sentía RESONANCIA.

No era fe ciega. Era esa sensación de “no sé explicarlo, pero esto tiene sentido”. Como si yo estuviera recordando algo que todavía no sabía nombrar. Y esa resonancia me abrió hambre: ganas de entender más, de unir piezas, de comprobarlo en la vida real.

En esa época yo tenía una sensación muy concreta: un LLAMADO. No era una idea bonita. Era una dirección interna: “tienes que salir de aquí”. Yo estaba en un trabajo con un ambiente raro, denso, y aunque no podía justificarlo con argumentos perfectos, mi cuerpo y algo dentro de mí sabían que ese lugar no era para mí.

Cuando decía que quería irme a Ibiza, todo el mundo me lo pintaba fatal. Que no iba a encontrar trabajo, que no iba a encontrar casa, que me iba a salir mal. Yo escuchaba esas voces… pero dentro de mí había otra voz: más silenciosa, más firme. Y esa era la que no podía ignorar.

Antes de nada hice algo que ahora entiendo como una forma muy clara de ALINEARME: lo escribí. Escribí exactamente lo que quería, con detalle. No como una fantasía, sino como una decisión: trabajar en un hotel, en un spa, tranquilidad, un sueldo concreto, vivir cerca del trabajo, sentirme bien.

Luego vinieron las entrevistas. Y recuerdo una en especial porque salí pensando: “fatal”. Sentí que lo había hecho mal, que no me había expresado bien… y aun así, dos días después me llamaron.

Y cuando me dijeron las condiciones, me quedé en silencio.

Porque era exactamente lo que había escrito.

Hotel. Spa. Tranquilidad. Sueldo. Casa. A dos minutos andando. Sin coche. Todo encajaba con una precisión que, para mí, fue una señal enorme. No porque “el universo me regalara algo”, sino porque sentí por primera vez que cuando tú te alineas por dentro y actúas desde ahí, la vida puede responder con una COHERENCIA que se siente.

Y aquí viene lo importante: esto no fue solo “me fui a Ibiza y me salió bien”. Fue la primera vez que sentí que algo que estaba leyendo podía vivirse.

Esos dos libros —Las siete leyes espirituales del éxito y después Sincrodestino— me habían dado un MAPA. Yo siempre había sido de imaginar y desear cosas, pero esta vez era tan concreto y tan poco probable desde mi realidad de entonces que mi mente me decía: no va a pasar.

Y aun así, me metí. Lo escribí. Lo pedí con claridad. Lo llevé a la acción. No como un deseo suelto, sino como una decisión interna. Y cuando vi que se cumplía con esa precisión… fue una confirmación íntima: “vale, aquí hay una verdad y tengo que seguir por aquí”.

Ahí también sentí una gratitud enorme. Porque esos libros no me los compré yo. Me los dio una persona que yo no conocía de nada. Apareció, me los entregó, y fue como si la vida me hubiera puesto justo lo que necesitaba en el momento exacto.

No porque alguien me salvase, sino porque fue una sincronía tan perfecta que yo solo pude sentir: gracias. Gracias por el mensaje. Gracias por la puerta.

Yo no quería ir a Ibiza solo por cambiar de aires. No era turismo, no era escapar. Era otra cosa. Era una sensación interna de que allí había algo para mí, aunque yo no supiera qué. Como si la vida me estuviera empujando a una coordenada concreta.

Y lo más fuerte es que yo no podía explicarlo. No tenía “una razón lógica” que sirviera para convencer a nadie. Era un sí interno. Un LLAMADO. Y cuanto más lo ignoraba, más incómoda me sentía. Por eso, cuando digo que me fui, no lo cuento como una decisión impulsiva. Lo cuento como la primera vez que me hice caso de verdad.

Cuando empecé a trabajar en el spa, lo primero que noté no fue nada místico. Fue algo muchísimo más cotidiano: el CONTACTO constante con personas me estaba afectando.

Pasaba horas tocando cuerpos, sosteniendo tensiones, respirando el silencio de gente que venía cargada. Y yo, sin saber por qué, empecé a terminar muchos días demasiado cansada. Pero no era el cansancio normal de “he trabajado”. Era un cansancio raro, como si me quedara vacía por dentro. Había sesiones después de las cuales me sentía ligera, y otras en las que salía pesada, drenada, sin energía… y yo no entendía qué estaba pasando.

En ese momento yo no tenía palabras para eso. No sabía nada de energía, ni de límites, ni de “absorber” lo de otros. Solo SENTÍA que algo en mí se había vuelto más sensible, más abierto, como si mi cuerpo registrara cosas que mi mente todavía no podía explicar. Y como no quería inventarme historias, lo guardaba. Seguía trabajando. Y ya.

No lo entendí hasta mucho más tarde. Pero hoy, mirando hacia atrás, sé que ahí empezó todo: ahí empecé a notar que no solo tocamos cuerpos. También tocamos mundos internos.

Y ahora te lo digo tal cual: creo que tenía que ir, porque allí me pasó algo que no he olvidado JAMÁS.

No lo entendí en el momento. No tenía lenguaje para explicarlo. Pero fue la primera experiencia que me hizo sentir, con una claridad brutal, que mi realidad era más grande de lo que yo estaba viendo.

Hasta ese momento yo estaba leyendo, resonando, uniendo piezas… pero lo de Ibiza fue distinto. Ibiza fue la primera vez que algo se me presentó delante, sin que yo lo buscara, y me dejó marcada.

Por eso, cuando me fui, no fue solo “me salió un trabajo perfecto”. Eso fue importante, sí, porque fue mi primera confirmación práctica de lo que estaba aprendiendo: claridad por dentro, acción por fuera, y una coherencia que se siente.

Pero el verdadero inicio —el que me abrió la puerta— vino después. En una cabina del spa, con apenas luz, con una persona delante, y con algo que todavía hoy recuerdo como si fuera ayer.

Fue en el spa, en una de esas cabinas donde el tiempo se vuelve lento. Había poca luz. No poca luz “romántica”, poca luz real: dos velas y ya. Cuando llevas un rato, los ojos se acostumbran y empiezas a ver con claridad, pero todo queda envuelto en una especie de penumbra suave, como si el mundo bajara el volumen.

Yo estaba trabajando concentradísima. En ese estado en el que tu cuerpo está presente, tus manos saben lo que hacen, y tu mente se calla lo justo. La señora estaba tan relajada que se durmió profundo, de ese sueño pesado y rendido que solo sale cuando alguien se siente a salvo.

Antes de empezar, le pedí que se quitara accesorios, como siempre. Se quitó todo, menos un amuleto con una piedra (no recuerdo si era pulsera o collar). Hablaba en inglés. Yo entendía bastante, pero en esa época no podía explicarme bien.

Me dijo algo así como que eso no se lo podía quitar porque le PROTEGÍA.

Yo no le di vueltas. Soy muy respetuosa. Pensé: “vale, perfecto”, y seguí.

Pero recuerdo perfectamente ese detalle. Porque después, cuando pasó lo que pasó, mi mente volvió a ese amuleto como si hubiese sido una pista.

Hay un punto en el masaje en el que tú también entras en otra frecuencia. No sé cómo decirlo mejor. Es como estar en una concentración muy fina, muy limpia. Estás aquí… pero a la vez estás en un lugar silencioso por dentro.

Yo estaba tocando la cabeza, mirando a un punto fijo al frente. Respirando lento. Sin pensar demasiado. Solo trabajando.

Y entonces…

Por mi lado izquierdo pasó una LUZ.

No fue un reflejo. No fue un destello en la pared. No fue “algo que creo que vi”. Fue una esfera de luz, redonda, rápida, como una bola que cruzó el espacio en un segundo. Lo suficientemente brillante como para notarla en la oscuridad, pero lo suficientemente suave como para no deslumbrar.

Mi cuerpo se quedó quieto por dentro.

La sensación fue inmediata: ¿qué cojones ha sido eso?

Y aquí viene lo curioso: no me dio miedo. No grité. No salí corriendo. Mi reacción fue otra: mi mente empezó a buscar una explicación.

Miré alrededor sin mover mucho la cabeza. Busqué una rendija de luz. Un reflejo. Una pantalla. Una lámpara. Algo. Cualquier cosa que me permitiera decir: “vale, ha sido esto”.

Pero no había nada.

Solo las velas.

Y el silencio.

Seguí trabajando, pero ahora estaba más atenta. Como si una parte de mí dijera: si estás aquí, quiero verlo otra vez.

Y entonces volvió a pasar.

Esta vez por el lado derecho. Mismo tipo de luz. Misma velocidad. Mismo movimiento limpio. Como si hubiera cruzado el aire con intención.

Y ahí… ya no fue solo “qué raro”.

Ahí fue un golpe de realidad.

Terminé la sesión como pude, por fuera normal. Por dentro distinta. La señora se despertó muy dormida, como si hubiese descansado en otro plano. Yo quería preguntarle cosas, quería hablar del amuleto, quería entender… pero no era el momento. Por el idioma, por el contexto, por respeto.

Ese fue mi primer contacto real. El inicio que más recuerdo, el que más me marcó. Después vinieron más cosas, algunas sutiles, otras más fuertes, y muchas preguntas que me llevaron a estudiar, a practicar y a mirar la vida desde otro lugar. Te lo iré contando poco a poco por aquí, porque siento que este blog es el lugar perfecto para ordenar el camino sin prisa. Pero si tuviera que señalar el punto donde todo empezó a cambiar de verdad, sería ese: esa cabina, ese silencio, y ese instante en el que entendí que había una PUERTA abierta… y que yo, por alguna razón, ya estaba dentro.

Gracias por estar aquí.
Gracias por leerme, por sentir conmigo y por acompañarme en este comienzo. Si algo de todo esto resuena contigo, quizás es porque tu alma también está recordando su propia magia.

Con cariño,  

Nerea Celaya

¿quieres recibir mis escritos a tu correo?

/ REFLEXIONES

/ CUERPO & ALMA

/ CAMINO

/ RETIROS 

/ NOVEDADES

Mis guías para
volver a ti

/ 001

/ 002

Guías que he escrito para acompañarte en distintas fases de tu camino. Pequeños refugios para grandes procesos.